Quien ha saboreado Historia de un alma, ha encontrado unas líneas sobre el Hno. Siméon, director del Colegio San José de Roma:
Mi padre fue a visitar al venerado Hno. Simeón y en el colegio encontró al P. Révérony. Le reprochó amablemente que no me hubiera ayudado en mi difícil empeño y luego se lo contó al Hno. Simeón. El amable anciano le escuchó con mucho interés e incluso tomó notas; luego exclamó: “¡Esto no se ve en Italia!”.
Durante este encuentro Teresa estaba de excursión en Nápoles. Celina, consultada sobre este punto en 1946, recordaba que al regreso de Nápoles fue al Colegio con su padre y con Teresa, pero aquel día no estaba el Hermano Director. Muy probablemente se encontraron más tarde, como se puede afirmar basandose en carta del 31 de agosto de 1890 éste escribía: “He conservado un excelente recuerdo de su padre y de ustedes”.
Teresa, por su parte, conservó hacia este religioso un respetuoso cariño y auténtica confianza. Dice en su autobiografía: “Pocas horas antes de mi profesión he recibido de Roma, a través del querido Hermano Simeón, la bendición del Santo Padre, bendición bien preciosa, que me ha ayudado a atravesar la tempestad más furiosa de mi vida”. Por desgracia se ha perdido el texto de la petición de la santa carmelita. Teresa escibe con humor a Paulina: “Creo que habría que agradecer “al santo anciano Simeón” y decirle que llegó su carta. ¿Tú qué opinas?”
Como lo había hecho Teresa en 1890, Celina también se dirigió al Hermano Simeón para obtener la Bendición del Papa con motivo de su profesión, el 24 de febrero de 1896. Y volvió a escribirle de nuevo pidiendo igual favor para Sor Stanislas, que celebraba sus bodas de oro el 8 de febrero de 1897: “Esté seguro que su pequeño Carmelo de Lisieux le reserva un lugar muy especial en su corazón... Nos acordamos del querido Hermano Simeón, amigo de nuestro padre y también de nosotras dos, mi hermana Teresa del Niño Jesús y yo; estamos orgullosas de conocerle... Ella y yo queremos ser santas y querríamos ir al cielo muy pronto. Ella ya toma ese camino, es un ángel. El Amor consume su vida. Le mando unos versos que ella ha compuesto”. Se trata de su composición preferida y también la más bella: “Vivir de Amor”.
El Hno. Simeón respondió el 25 de enero de 1897: “Acabo de leer la magnífica poesía de su admirable hermana. Es un canto sublime que no hubiera desmerecido en los labios de la gran santa Teresa. Mis Hermanos se la disputan y hacen copias... Nuestro Santo Padre León XIII goza de buena salud; su Secretario, que es amigo íntimo mío, está admirado... Diga a su santa hermana que hago votos por su salud”. El consiguió el favor solicitado. La Priora, Madre María de Gonzaga, toma la pluma “para unirse a estas dos chicas, que son unos ángeles” y para expresar “su más respetuoso y profundo agradecimiento”. A continuación de ella escriben Celina y Teresa. Como se haría a un amigo, Celina cuenta todos los detalles de la fiesta, y termina: “El día pasó sin una sola nube, pero sin duda el regalo más hermoso fue el del querido y venerado Hermano Simeón”.
Carmelo de Lisieux, 27 de enero 97.
Señor Director,
Me siento feliz por unirme a mi hermana Genoveva para agradecerle el precioso favor que ha obtenido a nuestro Carmelo.
Como no sé de qué manera expresar mi gratitud, es a los pies de Nuestro Señor donde quiero mostrarle, con mis pobres oraciones, cuánto siento su benevolencia hacia nosotras...
A mi alegría se ha unido un sentimiento de tristeza, al saber que su salud está algo resentida, y pido a Jesús con todas mis fuerzas que prolongue lo más posible su vida, tan valiosa para la Iglesia.
Estoy segura que el divino Maestro ha de estar ansioso por coronarle en el Cielo, pero confío que le deje aún en el destierro para que pueda trabajar por su gloria, como lo ha hecho desde su juventud, y para que el peso inmenso de sus méritos supla por otras almas que se presentarán ante Dios con las manos vacías.
Me atrevo a esperar, carísimo Hermano, que seré de esas felices almas que tendrán parte en sus méritos; creo que mi carrera aquí abajo no será larga... Cuando me presente ante mi Esposo querido no tendré otra cosa que presentarle que mis deseos; pero si usted me precede en la Patria, confío que venga a mi encuentro y que presente por mí el mérito de sus obras tan fecundas... ¡Vea que sus pequeñas Carmelitas nunca le escribirán sin reclamar algún favor y sin acudir a su generosidad!
Señor Director, usted es tan poderoso por nosotras en la tierra, nos ha conseguido tantas veces la bendición de nuestro Santo Padre León XIII, que no tengo más remedio que pensar que también en el Cielo Dios le dará un poder muy grande sobre su Corazón. Le ruego que no me olvide ante El si tiene la dicha de verle antes que yo. La única cosa que le ruego pida para mi alma es la gracia de amar a Jesús y de hacerle amar todo lo que me sea posible.
Si Nuestro Señor viene a buscarme primero a mí, le prometo rezar por sus intenciones y por todas las personas que le son queridas. Además, no espero al cielo para hacer esta oración; ya desde ahora me siento feliz por poder probarle así mi profunda gratitud.
En el Sagrado Corazón de Jesús me sentiré siempre dichosa de repetirme, Señor Director, su agradecida pequeña carmelita,
Sor Teresa del Niño Jesús de la S. F.
rel. carm . ind.
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